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ANIMALES Y PLANTAS QUE PRONOSTICAN EL TIEMPO Y LOS DESASTRES NATURALES

ASÍ PREDICE LA NATURALEZA  EL CLIMA, TSUNAMIS Y TERREMOTOS...

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En la Naturaleza, Los animales responden a cambios atmosféricos (Ej.: una caída en la presión) que tienen lugar antes de que ocurra un cambio en el tiempo (Ej.: lluvia). Por lo tanto, se puede concluir que cuando las hormigas se mueven hacia terrenos más altos, va a llover pronto. Esto no es casual, las hormigas perciben la caída de la presión del aire y su instinto de supervivencia les indica que tienen que migrar a terreno más elevado para evitar ahogarse. En la Grecia antigua, alrededor del año 350 AC., Teofrasto, un discípulo de Aristóteles escribió sobre este fenómeno por el cual las hormigas llevan sus huevos hacia lugares más altos antes de que llueva, y es un signo de que viene buen tiempo cuando los vuelven a bajar. De hecho, las colonias de hormigas refuerzan sus hormigueros con tierra nueva cuando perciben que se aproxima una tormenta. Un dicho anglosajón reza algo así como: “Cuando las hormigas refuerzan su casa, lluvia caerá de las nubes”. Otros insectos también parecen alterar su comportamiento según el tiempo que se aproxima. Signos conocidos de que se avecina lluvia son las picaduras de mosquito, grillos ruidosos, arañas que salen de sus nidos y aumento de las moscas en las viviendas.

Los grillos son termómetros muy precisos, cantan más rápido cuando hace calor y más lento cuando hace frío. Si se cuentan sus chirridos durante catorce segundos y luego se les agrega 40, se obtiene la temperatura del lugar donde está el grillo, en grados Fahrenheit. Para saber la temperatura correcta en grados Celsius se cuenta el número de chirridos en siete segundos y se agrega 5.




Es algo muy interesante, que una persona que también se preocupa de la investigación me dejo, para que todos ustedes lo supieran, esta información fue sacada de un registro de mil ochociento noventa aproximadamente.

Y nos dice lo siguiente:


Si las golondrinas vuelan muy alto, el pinchón canta gozos y en el corral se están muy pacificas las gallinas, patos y palomas, si las avispas y abejas madrugan mucho, se afanan hacendosas y no se muestran agresivas; si las moscas vuelas cuando el sal se ha puesto ya; y las arañas tejen activamente sus telas después del ocaso; si los murciélagos giran y regirán volando alto durante el crepúsculo y después de cerrada la noche, hay que esperar buen tiempo.



Si se prepara un cambio radical, si amenaza una tempestad, también lo saben los animales, porque su instinto se lo indica. Los pájaros que antes hemos nombrado cambian de gesto, y en el corral las gallinas andan nerviosas, escardan con el pecho en el suelo, baten las alas, los patos para evitar que los moje las lluvia; imitando a Calino, buscan el estanque, nadan con viveza y buscan a cada paso,; las palomas rehúsan entrar en el palomar, las golondrinas cruzan raudas al ras del suelo, cazando mosquitos que a su vez han descendido y vuelan bajo.
Dentro de casa el gato se rasca a cada momento las orejas y se atusa la cara con la pata delantera mojada de saliva, como si tuviera empeño en borrar alguna mancha visible.
en el granero, las ratas y ratones corren de un lado para otro; las abejar renuncian a salir de la colmena, las arañas se ocultan, en vez de tejer. Las ranas alzan el grito, los sapos salen de sus agujeros y pululan por el campo. Los peces mismos salen sobre la superficie de los ríos y lagunas donde habitan.

Igualmente las plantas sienten y señalan las variaciones meteorológicas. si los tréboles abaten sus tallos, auguran buen tiempo, si los alzan y mantienen erguidos, presagia lluvia, si las flores de don diego se enderezan, hará frío, se se abaten, hará calor, si las flores de la amapola se cierran, tronara, si las de la margarita y la de los jazmines se cierran, en tanto que las de la lechuga se abren, pronto caerá abundante lluvia.





las observaciones de la naturaleza aún nos llevan más lejos, las aves emigradas y de paso preven el invierno y auguran la intensidad de las temperaturas bajas. cuando las aves que vienen a nuestra zona durante el verano, anticipan su viaje emigratorio a climas más templados, el otoño será corto y las heladas invernales se adelantaran, y si los patos que invernan en nuestras lagunas llegan antes de ordinario, el prematuro éxodo de los otros pájaros queda refrenado, preven el invierno crudisimo, porque donde veranean se adelantan los fríos.

Un hecho comprobado por la experiencia es que el que los movimientos intuitivos son tanto más enérgicos cuando menor es el grado de discernimiento de aquellos que lo ejecutan, y por tanto más firme y exactamente oportunos cuando menos interviene la voluntad.

Esta asimismo observado que el instinto se debilita en el hombre en razón directa del desarrollo de la inteligencia.
y en el caso de presagiar el tiempo hay una razón, que explica la torpeza general de los hombres cultos en oposición de los irracionales, la falta de observación de los fenómenos naturales.


Y prueba esto el que algunos hombres bien educados que se dedican a perdiciones, cuyo ejercicio implica la constante observación, los marionos, por ejemplo, preven los cambios atmofericos como los pájaros que hemos citado, y los meteorologistas de profesion auguran el tiempo porbable en periodo lejano con tanta seguridad como las goondrinas.


Perpo tanto los marineros, como los meterologistas hacen esto por comparación de observaciones, presentes con otras anteriores que guardan eln la memoria. De modo que es en ellos, fruto del raciocinio, lo que las bestias es efecto del un movimiento inconsciente.

Es decir, los animales presiente, los hombre pren, y la diferencia entre el presentimiento y pa prevención consiste en que el uno se explica y la otra se concibe sin las intervención del juicio.

Más de 8.000 personas fallecieron en el tsunami que asoló el sudeste asiático en diciembre de 2004. Una catástrofe que ha reflejado con asombrosa fidelidad el cineasta Juan Antonio Bayona en su exitosa película 'Lo imposible'. Aunque con su salto al cine la historia de esta familia española se haya convertido en una de las más famosas, la experiencia de otros 12 extranjeros que pasaban sus vacaciones en Tailandia también tendría un buen guión. En su caso, fue la “sensibilidad” animal ante las catástrofes la que les salvó la vida.
El 3 de enero de 2005, cuando medio mundo seguía traumatizado por las devastadoras consecuencias del tsunami que había asolado el sudeste asiático hacía un mes, un curioso teletipo de la agencia de noticias Reuters llegaba a las redacciones de los periódicos. En el mismo se afirmaba algo que parecía imposible: que un grupo de ocho elefantes tailandeses habían logrado salvar a varios turistas de la muerte bajo la ola gigante
La agencia basaba su información en las declaraciones del cuidador de los paquidermos, Dang Salangam, trabajador en un negocio que ofrecía a los turistas paseos en elefante por la playa de Kao Lak, situada al sur de Tailandia y que fue devastada por la ola gigante. 
Según explicaba Dang, ese día los elefantes comenzaron a emitir sonidos de un modo que solo podía describirse como lloros, a primera hora del día, más o menos cuando el terremoto de 9,0 grados en la escala de Richter se registró cerca de la isla indonesia de Sumatra. “Me sorprendió porque los elefantes nunca habían llorado antes”, afirmaba el cuidador. 
Aunque logró calmar a los ocho paquidermos, una hora más tarde estos comenzaron a sollozar de nuevo e, ignorando las instrucciones de sus cuidadores y con varios turistas sobre sus lomos, salieron despavoridos hacia una colina situada detrás de la playa. 
Pero la cosa no termina ahí. Los elefantes que no estaban trabajando también rompieron sus cadenas y se encaminaron en la misma dirección. Al ver esto, 12 turistas también se dirigieron hacia la colina desde su hotel
Apenas unos instantes después, la gran ola tocaba tierra y miles de personas morían en la playa que acababan de abandonar. Aunque el agua se adentró un kilómetro tierra adentro, no logró llegar a la cumbre de la colina donde se habían refugiado los elefantes y, con ellos, los turistas. 

La huida de los bufo bufo

Aunque es uno de los más espectaculares, este no es el único caso documentado que se tiene de animales que han sido capaces de predecir terremotos y otros fenómenos naturales. 
Otro de los episodios más famosos es el que tuvo lugar en abril de 2009, cuando un seísmo de 5,8 grados en la escala de Richter devastó la ciudad italiana de L’Aquila dejando 294 muertos y más de 1.500 heridos. 
Ni los ciudadanos corrientes ni los científicos fuimos capaces de predecir el temblor con antelación suficiente, pero sí lo hicieron unas pequeñas criaturas, los Bufo bufo o sapos comunes, que abandonaron la zona cinco días antes de que tuviera lugar el seísmo. 
Un grupo de investigadores de la Open University británica, entre ellos la bióloga Rachel Grant, realizaba un estudio sobre los efectos de los ciclos lunares en la reproducción de estos sapos en el lago San Ruffino, situado a 74 kilómetros de la ciudad italiana. 
Atónitos, observaron cómo los sapos machos de esta especie, en total alrededor de un 96 por ciento, abandonaban repentinamente la zona sin ningún motivo aparente. Pero, además, apenas dos días más tarde también desaparecieron del lugar todas las parejas de sapos. Unos meses después, la doctora Grant publicaba un estudio en la revista 'Journal of Zoology' en el que atribuía lo sucedido a la capacidad de los animales de predecir los temblores. 
“El estudio", afirmaba la bióloga, "es uno de los primeros que documentan el comportamiento animal antes, durante y después de un terremoto. Los resultados sugieren que los sapos son capaces de detectar indicios presísmicos, como la liberación de gases y partículas cargadas, y emplearlo como sistema de alerta temprana”. 

Otros casos documentados

Hay más. En el año 1966, los habitantes de la ciudad californiana de Parkfield comprobaron con estupor como su localidad se llenaba de serpientes de cascabel procedentes de unas colinas cercanas. Según contaban después, era como si emigraran en masa. Unos días más tarde, la ciudad sufría un terremoto. 
En 2005, 14 tiburones que llevaban un sensor electrónico, que les había sido instalado por los científicos para su estudio, abandonaban sin motivo aparente su territorio en dirección al Golfo de México. Este comportamiento, que no se había producido nunca durante los cuatro años de seguimiento, desconcertó a los investigadores. Tan solo 12 horas después, el Huracán Charley devastaba la zona que habían abandonado
En España también se han producido casos similares. Según explicaba a los medios de comunicación —pocos días después del terremoto de Lorca— el director técnico del Parque temático de la Naturaleza de Faunia, Agustín López, fueron varios los animales que sintieron este seísmo, siendo los réptiles, las serpientes y las arañas los más sensibles. Hay que recordar que el parque está situado en Madrid, a 470 kilómetros de Lorca. 

¿Un sexto sentido?


Para confirmar si, efectivamente, los animales predicen las catástrofes y, en caso de qué fuera así, saber cómo lo hacen, acudimos a uno de los mayores expertos en terremotos: Emilio Carreño, director de la Red Sísmica Nacional del Instituto Geográfico Nacional. 
Lo primero que nos explica es que, aunque él no tiene experiencia directa con este tipo de situaciones, “sí que es cierto que en el mundo científico y en las revistas especializadas, sobre todo de sismología, que son revistas de referencia, hay bastantes artículos científicos a ese respecto, con lo cual en cierto modo da una seña de garantía de que es cierto”. 
Según el investigador, las explicaciones que se dan sobre esto son de todo tipo. Una de ellas está relacionada con el sentido del equilibrio de los animales. 
“La mayoría de los casos a los que se hace referencia en las revistas internacionales son de pequeños animales que van a ras del suelo, siendo el caso más general el de los reptiles —explicaba Carreño—. Esto puede deberse a que a los reptiles les lleguen antes esas emisiones de gas provocadas por el seísmo que a otros animales”. 
Otros autores aluden al oído interno de estos animales para justificar este supuesto sexto sentido para las catástrofes. El director de la Red Sísmica explica que “el sentido del equilibrio depende mucho del oído interno de los animales. Al parecer, el hombre, para ser consciente de que el suelo se está moviendo, necesita que haya una inclinación bastante importante. Sin embargo, los animales lo sienten con un movimiento infinitamente más pequeño. La razón más lógica de este fenómeno podría estar ahí”. 
Sin llegar a afirmar con rotundidad que los animales son capaces de predecir las catástrofes, Carreño reconoce que “es, cuanto menos, llamativo, que en culturas como la china, donde se ven afectados por terremotos de magnitudes enormes, hay desde hace cientos de años normas de las autoridades hacia la población sobre predicciones de terremotos que hacen alusión a los animales”. 
“Por ejemplo", explica, "recomendaban medir la altura de los pozos para ver si había variaciones en el nivel freático; ver si las aguas de los pozos se enturbian, que es otro signo. Asimismo, siempre han incluido, curiosamente, observar el comportamiento de los animales en las granjas.” 
El problema es, concluye el investigador, que en la mayoría de los casos los animales predicen los seísmos con muy poca antelación, por lo que su comportamiento, en principio, no serviría para que tomáramos precauciones.



Más de 8.000 personas fallecieron en el tsunami que asoló el sudeste asiático en diciembre de 2004. Una catástrofe que ha reflejado con asombrosa fidelidad el cineasta Juan Antonio Bayona en su exitosa película 'Lo imposible'. Aunque con su salto al cine la historia de esta familia española se haya convertido en una de las más famosas, la experiencia de otros 12 extranjeros que pasaban sus vacaciones en Tailandia también tendría un buen guión. En su caso, fue la “sensibilidad” animal ante las catástrofes la que les salvó la vida.
El 3 de enero de 2005, cuando medio mundo seguía traumatizado por las devastadoras consecuencias del tsunami que había asolado el sudeste asiático hacía un mes, un curioso teletipo de la agencia de noticias Reuters llegaba a las redacciones de los periódicos. En el mismo se afirmaba algo que parecía imposible: que un grupo de ocho elefantes tahilandeses habían logrado salvar a varios turistas de la muerte bajo la ola gigante.



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